Vasallo Andamarquino – Danza, identidad y fe en el Carnaval de Andamarca
En la sierra de Ayacucho, en el distrito Carmen Salcedo, pervive una tradición que para los pobladores de Andamarca es más que una danza: el Vasallo Andamarquino. Esta expresión reúne vitalidad, agilidad y espíritu comunitario, y está íntimamente ligada al culto patronal del Niño Víctor Poderoso, celebrado durante el Carnaval anual.
Origen y significado
El Vasallo es una tradición de danza y vestimenta practicada por hombres, mujeres y niños, quienes se mueven al ritmo de la flauta y la tinya. Con estandartes y cascabeles recorren las calles, cumpliendo su misión central: acompañar al Niño Víctor Poderoso, patrono del pueblo.
Desde hace generaciones, el Vasallo se practica en tiempo de Carnaval y se ha convertido en un símbolo de la vitalidad e identidad andamarquina.
Estructura y desarrollo
Las presentaciones son organizadas por las mayordomías, especialmente las dedicadas a San Isidro Labrador, Santa Rosa de Lima y el Niño Víctor.
Durante los cuatro días de Carnaval, las comparsas se presentan en las casas de otros cargontes. Hombres, mujeres y niños muestran sus dotes dancísticas acompañados de música, banderas y cantos en quechua.
El gran “Checcollonacuy”
El último día, la fiesta alcanza su clímax con el “Checcollonacuy”. En él, los Previstes y las Muñidoras se enfrentan en un duelo simbólico. Con la huaraca (honda) o un lazo, se golpean suavemente las piernas, demostrando valor, resistencia y espíritu colectivo.
Tras el ritual, inicia la gran celebración, donde los danzantes vuelven a mostrar su arte y entonan cantos en quechua – versos que entrelazan de manera poética la naturaleza, la fe y la vida cotidiana:
“Tuyas huaqaqchcan, tuyas llaquichcan… matipa rurunta manaña tarispa… chaynama nuqapas huaqallachcani andamarquinata manaña tarispay.”
Vestimenta y expresión
Los bailarines visten atuendos tradicionales: pantalón negro, chaleco de bayeta (oscuros) y algunos accesorios de colores. Cada movimiento simboliza fuerza y devoción: hacia la naturaleza, la comunidad y la fe.
Rituales y cultura viva
El Vasallo se enmarca en un contexto cultural más amplio que los visitantes pueden experimentar:
- Dimensión religiosa: peregrinaciones en las que los fieles rodean la iglesia de rodillas.
- Ritos místicos: “lavado de ropa” – el acto simbólico de lavar las imágenes de San Isidro, Santa Rosa y el Niño Víctor.
- Naturaleza & paisaje: caminatas por caminos preincas y andenerías.
- Gastronomía: platos típicos como sopa de sarapela y chicha de jora.
- Comunidad: participación en la vida diaria, danza y canto dentro del marco del Vasallo.
Conclusión
El Vasallo Andamarquino es mucho más que una danza. Es reflejo de una cultura en la que música, movimiento, religión y vida cotidiana se funden en una unidad viva. Quien visite el Carnaval de Andamarca será testigo de un espectáculo que ofrece profundas miradas al alma andina y al orgulloso espíritu comunitario.